Crónica de un desencuentro: Rohmer y Lacan en el Col·legi de Psicologia

El pasado 21 de marzo, tuve el placer de impartir la conferencia El desencuentro del amor en el cine de Éric Rohmer en el Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya. Así, pudimos ver, desde una mirada psicoanalítica, cómo el cine del maestro francés retrata esa brecha insalvable que define nuestra existencia: la imposibilidad de la relación sexual y la paradoja del deseo.
El cine de la palabra y el vacío
Si algo caracteriza la filmografía de Rohmer es la verborrea de sus personajes. Sin embargo, como señalamos durante la jornada, en sus películas no se habla para comunicarse, sino para bordear el vacío. El ser humano es un parlêtre (serhablante), un sujeto atravesado por el lenguaje que, precisamente por estarlo, está condenado al malentendido.
En títulos como Cuento de Otoño, los protagonistas intentan racionalizar sus sentimientos mediante laberintos dialécticos. Pero el amor no es un ejercicio de la razón. Es, más bien, el intento heroico y fallido de responder a la falta del Otro con nuestra propia falta.
«Amar es dar lo que no se tiene…»
El eje central de nuestra conferencia orbitó alrededor de la célebre premisa lacaniana: «Amar es dar lo que no se tiene a quien no es». Esta noción, que a priori parece un juego de palabras, cobra una dimensión carnal en las pantallas de Rohmer.
- Dar lo que no se tiene: No se trata de ofrecer bienes materiales o cualidades positivas, sino de ofrecer nuestra propia falta, nuestra vulnerabilidad. Los personajes de Rohmer, en su búsqueda errante, lo que realmente ponen en juego es su castración, su no-saber.
- A alguien que no lo es: Porque el amado nunca es ese ideal completo que imaginamos; es un sujeto tan agujereado por el lenguaje como nosotros mismos.
En Cuento de verano, el personaje de Gaspar encarna a la perfección la parálisis del obsesivo: ese sujeto que, para no encontrarse con la castración, se pierde en una marea de dudas, postergando el encuentro real con el Otro mediante un cálculo infinito entre tres mujeres. Gaspar intenta que el deseo sea «decidible», transformándolo en una ecuación imposible para evitar, precisamente, el riesgo de perderse en él.
Frente a él los vericuetos dialécticos de Pauline en la playa, nos muestran la metonimia del deseo histérico. Allí, los personajes se pierden en un discurrir incesante sobre el amor, no para hallar una verdad, sino para mantener el deseo siempre insatisfecho, siempre en otra parte. Como bien analizamos en la jornada, el discurso de estos personajes funciona como una defensa: hablan para no ver, teorizan para no sentir el vacío de la falta. En el cine de Rohmer, las palabras no son puentes, sino laberintos donde el sujeto se esconde de su propio encuentro con el objeto a.
Agradezco profundamente la acogida de los compañeros del COPC y las intervenciones que enriquecieron la charla. En un mundo saturado de objetos de consumo que prometen satisfacciones plenas, reivindicar el elogio del desencuentro y la dignidad de dar lo que no se tiene es un acto de resistencia.