Consulta de psicoanálisis en Girona y Barcelona - Aitor España
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«No quiero venir cada semana»: ¿Por qué el tiempo es clave en un psicoanálisis?

 «¿Podríamos vernos cada quince días? Es por un tema de agenda, de tiempo o de presupuesto».

En el mundo en que vivimos, esta petición parece completamente razonable. Intentamos optimizar el tiempo, gestionar la semana y tratar nuestro malestar con las mismas reglas con las que organizamos el gimnasio o una suscripción mensual.

Sin embargo, cuando se trata del sufrimiento psíquico y del inconsciente, las matemáticas del rendimiento no funcionan. Espaciar las sesiones a la quincena suele ser, sin que el paciente lo sepa, la primera gran defensa que levanta su propio síntoma para evitar ser tocado.

La ilusión del máximo rendimiento

Vivimos bajo un imperativo cultural que nos dice que debemos obtener el máximo beneficio invirtiendo el menor costo posible. Pero el alivio de la angustia y el saber sobre el propio deseo no responden a las leyes del libre mercado.

Ya desde los inicios del psicoanálisis, Sigmund Freud advirtió que la regularidad del tiempo no es un capricho del analista, sino una exigencia del tratamiento. El malestar y los automatismos que nos hacen sufrir son tenaces; aprovechan cualquier rendija temporal para enfriar lo que se ha descubierto en la sesión anterior y volver a sepultarlo bajo la rutina de la vida cotidiana.

Comprometerse con un tratamiento analítico es un acto que se mide en el tiempo, en el cuerpo y, sí, también en el bolsillo. Es aceptar pagar el precio que la propia verdad exige para que algo cambie.

¿Qué pasa cuando nos vemos cada quince días?

Cuando la cita se distancia a las dos semanas, el espacio de la consulta se transforma. En lugar de ser un laboratorio vivo donde trabajar con lo que nos habita, el encuentro corre el riesgo de convertirse en un mero «ponerse al día».

El paciente pasa gran parte de la sesión cronificando lo que le ha sucedido en los últimos quince días. Se transforma en un espacio de confesionario catártico o de gestión de crisis urgentes, lo que va en detrimento de la finura de la escucha y de la eficacia de la cura. Para que un analista pueda alojar un caso y sostener los hilos de su historia, se necesita una continuidad que no se disuelva en la intermitencia del calendario.

Que algo cambie para que todo siga igual

Hay un hecho que la práctica clínica demuestra día a día: la terapia quincenal casi nunca termina siendo cada quince días.

Al distanciar el lazo, la responsabilidad con el propio proceso se debilita. Al menor imprevisto inevitable —un viaje de trabajo, un resfriado, un festivo o un cambio de última hora—, la sesión se cancela. Y como el marco ya estaba fijado a las dos semanas, ese pequeño imprevisto arrastra el siguiente encuentro a las tres semanas o al mes.

Sin darse cuenta, el sujeto se desliza gradualmente hacia la interrupción. El síntoma ha triunfado: ha logrado ponerse a salvo de la pregunta sobre su deseo, cronificando el sufrimiento a cambio de no desestabilizar su rutina. 

Sostener la presencia

Acudir cada semana a la cita con el analista no es una imposición dogmática ni una rigidez técnica. Es el marco mínimo indispensable para que la maquinaria de la repetición empiece a resquebrajarse.

Para desarmar aquello que nos hace sufrir, hay que estar dispuestos a sostener una presencia regular allí donde el malestar prefiere el exilio y el intervalo.

Consulta de Psicoanálisis en Barcelona y Girona

Iniciar un proceso implica abrir un paréntesis en la prisa cotidiana para escuchar lo que se nos escapa al hablar. Si sientes que es el momento de interrogar tu malestar y estás dispuesto a sostener ese espacio, podemos concertar una primera entrevista.

Dirijo mi práctica clínica de forma presencial en:

  • Girona: En el espacio de la Clínica Santa Clara.
  • Barcelona: En la zona de Sarrià-Sant Gervasi (Via Augusta).

Puedes ponerte en contacto conmigo a través de WhatsApp o llamada telefónica.

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