La escena dentro de la escena en Hamlet, de Laurence Olivier.
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La escena dentro de la escena

Hamlet (Laurence Olivier, 1948)

Vivimos convencidos de que somos los directores de nuestra propia vida. Creemos que tomamos
decisiones libres, que elegimos nuestros gustos, nuestras metas y que, cuando algo anda mal, basta
con proponérselo firmemente para cambiar el rumbo. Sin embargo, cualquiera que haya intentado
romper un mal hábito, salir de una relación tóxica o frenar un pensamiento angustiante sabe que hay
algo en nosotros que parece boicotearnos desde las sombras. Como si estuviéramos actuando en un
teatro cuyo guion fue escrito por alguien más.


El psicoanalista Jacques Lacan dejó una frase célebre que condensa este misterio de la condición
humana: «El deseo del sujeto es el deseo del Otro». A primera vista, esto puede sonar abstracto o
filosófico, pero en realidad describe el tejido más íntimo de nuestro sufrimiento cotidiano. Para
entenderlo, tenemos que dividir esta idea en dos escenas completamente distintas.

La primera escena: El escenario del espejo y la ilusión de completitud

La primera acepción de esta frase ocurre en lo que llamamos el plano Imaginario. Desde que somos
muy pequeños, nos miramos en el espejo y en los ojos de quienes nos rodean para saber quiénes
somos. Buscamos en el Otro una imagen que nos devuelva una versión armada, entera y perfecta de
nosotros mismos. Es la escena visible de nuestra vida cotidiana, la pantalla donde proyectamos
nuestras fantasías de control y bienestar.


Ahí, el deseo es el deseo del Otro en un sentido de copia o competencia: deseamos lo que el
mercado, las redes sociales o la mirada del semejante aprueban como «valioso». Buscamos vestirnos
con una armadura impecable para tapar nuestras fragilidades y no ver el vacío. Creemos que si
logramos retocar la imagen lo suficiente, por fin alcanzaremos la felicidad y la completitud.

La Otra Escena: Las palabras que nos marcan y la repetición

Pero detrás de ese decorado iluminado, tras las bambalinas del teatro, existe «La Otra Escena». Este es el territorio de lo Simbólico, el lugar del significante, es decir, de las palabras y las marcas de nuestra historia que nos han troquelado mucho antes de que tuviéramos conciencia de ello.

Aquí, que «el deseo sea el deseo del Otro» ya no significa imitar una imagen bonita. Significa algo
mucho más profundo y perturbador: significa estar suspendidos de la pregunta angustiante «¿Qué me
quiere el Otro?»
. ¿Qué lugar ocupé para mis padres? ¿Qué expectativas, miedos o silencios de mi
historia familiar estoy cargando a cuestas?


Es en esta otra escena donde se escribe el guion de nuestro sufrimiento. El sujeto, sin saberlo, repite
patrones, tropieza una y otra vez con la misma piedra y se boicotea porque está intentando responder a
los mandatos invisibles de esas marcas del pasado. Mientras el Yo intenta mantener la compostura en
la pantalla del espejo, el inconsciente sigue representando fielmente la tragedia de su historia en el
backstage.

¿Hacia dónde apunta el psicoanálisis?

El psicoanálisis, a diferencia del resto de terapias, no busca añadirle más capas a tu máscara ni ofrecerte un manual de instrucciones para ser feliz. Al contrario, el análisis apunta allí donde el truco del teatro fracasa. Como Hamlet, podemos darnos cuenta de que la mousetrap era, en el fondo, una trampa para nosotros mismos, y que la verdadera batalla se jugaba detrás del escenario.

La propuesta de un análisis es abrir el telón y adentrarse con rigurosidad en esa Otra Escena. No para
buscar culpables en el pasado, sino para aislar esas palabras y marcas significantes que te han
gobernado en silencio. Es un espacio para interrogar el propio sufrimiento y pasar de la queja pasiva —
esa que pide permiso o compasión al Otro— a la asunción de una responsabilidad ética sobre el propio
deseo.


Solo cuando dejamos de retocar la imagen engañosa del espejo podemos empezar a escuchar lo que la
verdad de nuestro síntoma tiene para decirnos, abriendo la posibilidad de vivir y decidir de una manera
auténticamente diferente.

Psicoanálisis en Barcelona y Girona

Si una preocupación, tristeza, sufrimiento o angustia te inhibe y quieres empezar a trabajar en esa Otra Escena para darle otro lugar a tu malestar, trabajo como psicoanalista en Barcelona (Sant Gervasi) y Girona.

Puedes ponerte en contacto conmigo por whatsapp para concertar una primera entrevista.

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