Hombre exhausto frente al ordenador en su mesa de trabajo, una imagen que ilustra el cansancio estructural y la fatiga en la sociedad actual.
| | |

La fatiga de la autonomía: El cansancio más allá del esfuerzo

Vivimos en la época del «tú puedes con todo». Las agendas llenas, la productividad sin fin y la búsqueda constante del éxito se han convertido en imperativos cotidianos. Sin embargo, detrás de la aparente libertad para gestionar nuestro tiempo y nuestras metas, suele aparecer una fatiga sorda, un agotamiento que no se cura simplemente durmiendo el fin de semana.

Cuando el cansancio se vuelve crónico, deja de ser una mera respuesta física para convertirse en una pregunta subjetiva: ¿Para quién nos estamos agotando?

Byung-Chul Han: La sociedad del rendimiento y el cansancio a solas

El filósofo Byung-Chul Han ha descrito con precisión este escenario al definir la nuestra como la «sociedad del rendimiento». Hace décadas, los límites venían impuestos desde fuera por una sociedad disciplinaria (la autoridad familiar, las normas institucionales o el jefe de la fábrica). Hoy, en cambio, el sujeto contemporáneo se cree libre, pero se ha convertido en el amo y el esclavo de sí mismo.

El mandato ya no es el prohibitivo «debes hacer esto», sino el seductor «tú puedes hacerlo». Al desaparecer la coacción externa, la presión se interioriza: si no lo logras, la culpa es exclusivamente tuya por falta de voluntad u optimización. Así, nos explotamos voluntariamente a nosotros mismos en una carrera sin meta. Este «cansancio del rendimiento», como señala Han, es un cansancio aislado, que separa a las personas en lugar de unirlas, atrapadas en el narcisismo de su propio rendimiento.

Jacques Lacan y la paradoja del Superyó: El imperativo de gozar

Si la sociología nos muestra el tablero de juego, el psicoanálisis nos permite entender qué hace el sujeto con eso en la intimidad de su síntoma. Esta exigencia de rendir y no parar se articula perfectamente con lo que Jacques Lacan situó respecto a la paradoja del Superyó. Lejos de ser una simple instancia moral que prohíbe, Lacan desveló la verdadera cara del Superyó: una voz feroz e insaciable que ordena textualmente: ¡Goza!

En nuestra época, esa orden se traduce en «goza de tu productividad, goza de tu ocio optimizado, no pierdas el tiempo». Lo paradójico es que cuanto más intenta el sujeto obedecer a ese mandato inconsciente, más culpable y exhausto se siente. El agotamiento funciona entonces como una defensa, un muro defensivo del cuerpo para detener una maquinaria superyoica que no conoce el freno. Estar «demasiado cansado» se convierte en la única vía neurótica para decir «no» a la exigencia, aunque sea a costa del propio sufrimiento.

El cansancio como pantalla: La escena dentro de la escena

Este cansancio crónico funciona a menudo como un verdadero montaje subjetivo. En la clínica nos encontramos con que la queja hiperactiva del día a día —el estrés por los horarios, las listas de tareas pendientes y la falta de tiempo— no es más que una primera superficie, una escena manifiesta que el sujeto habita para protegerse de otra cosa. Al igual que en los dispositivos teatrales donde una representación ocurre dentro de otra, el agotamiento moderno actúa como un decorado que vela una trama mucho más profunda. Detrás de ese telón de fatiga con el que respondemos a las exigencias del rendimiento actual, se oculta la verdadera encrucijada del sujeto: el temor a enfrentarse a sus preguntas fundamentales, a los encuentros que transforman y a la verdad de su propio deseo. Sostener la mirada sobre esa otra escena reprimida es, precisamente, lo que permite que el cuerpo deje de sostener su parálisis a través del síntoma del cansancio.

Hacer lugar a la pausa en la clínica

La prisa por «curar» el cansancio a menudo refuerza el mismo circuito que lo produjo: exigirle al sujeto que se recupere rápido mediante recetas genéricas de autocuidado para volver a rendir al máximo.

En la práctica analítica de orientación lacaniana no se ofrecen manuales de autoayuda ni soluciones estandarizadas. El espacio de la transferencia ofrece algo radicalmente distinto: la oportunidad de suspender por un instante la exigencia del rendimiento y consentir a un tiempo diferente. Un tiempo donde el sujeto pueda interrogar su fatiga, ubicar a qué mandatos inconscientes les está respondiendo con su cuerpo y, finalmente, dar lugar a un deseo propio que no esté sometido a la lógica de la autoexplotación.

Psicoanalista y psicólogo en Barcelona y Girona

Si sientes que es el momento de parar la maquinaria y empezar a plantearte hacia donde te diriges y por qué, atiendo como psicoanalista en Barcelona y Girona. Puedes ponerte en contacto conmigo con el botón de whatsapp.

En Girona atiendo en el carrer Santa Clara, en el centro de la ciudad. En Barcelona estoy en Plaza Molina, en el barrio de Sant Gervasi, muy cerca de Gràcia.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *